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¡Ya llega el Encuentro de Museos Universitarios!

martes, 7 de junio de 2016

El Museo Casa Hacienda Shismay, se presenta a través de la voz de las comunidades que lo custodian

Tenemos el gusto de reproducir el discurso presentado por Andrés Sánchez miembro de la comunidad de Shismay, quien le dio voz a la Historia de la Casa Hacienda Shismay, contada en primera persona.

Sea esta la oportunidad de agradecerle a la doctora Nancy Rolando y sus familia que son los que han contribuido a la puesta en valor de este bello espacio patrimonial.

"Me pusieron aquí, en esta colina inclinada.

Me pusieron aquí, en medio de la nada.

Fui construida por hombres venidos de muy lejos quienes escapando de la pobreza traían sus riquezas y sus técnicas europeas. Ellos reforzaron con contrafuertes mis raíces para que así, perdurara en el tiempo.
Levantaron mis muros de grandes dimensiones, de pura piedra, y la coronaron con un hermoso tejado. Después de siete meses quede hermosa, despertando cada mañana a mi cambiante paisaje.
Mis creadores los señores D’Arrieta después de llenarme de tesoros sobre todo en mi capilla no me tuvieron por mucho tiempo.

Ellos tuvieron que escoger entre un huérfano de ojos azules y pelo rubio que dejaron los inmigrantes o yo. Ellos no tenían hijos, se enamoraron del niño, y a mí me vendieron.

Entre cariños y olvidos pasé por muchos dueños, hasta que en 1924 llego un niño, un niño de 12 años, un niño huérfano y se enamoró de mí, me convertí en su primer cariño y luego en su primer amor. Me quiso mucho, muchísimo, me engrió, me lleno de tesoros, de esperanzas, de risas de niños.
Hasta que un día aciago sin razón lo sacaron y no lo volví a ver jamás.

Mis nuevos dueños, los hombres de mi pueblo por años me cuidaron y de colores me llenaron, aunque triste me mantuve en pie. Pero un día llegaron grandes maquinarias que decían el progreso traer, cortaron mis raíces, destruyeron mis cimientos y en cada invierno mis hueso se mojaban y por mis paredes la humedad avanzaba, anciana y en ruinas veía el fracaso venir.

Pero las luces se abrieron un diciembre lejano ya, reconocí las voces, las risas de esos niños que días muy lejanos solían bajo mi techo jugar, me llene de tanta alegría que lagrimas vertía, hubiese querido escapar y de vergüenza la cara ocultar.

Su pena fue muy grande al verme y en memoria de aquel niño que fue mi primer amor se propusieron devolverme la vida.

Los hombres de mi pueblo acudieron al llamado y con empeño y duro trabajo me dejaron tan hermosa que pronto fui galardonada y me concedieron el honor de ser un Monumento Histórico.

Ahora llena de tesoros, de amor, y de sabiduría seré un museo para apoyar a todos los que vengan en busca de belleza y de cultura.

Hoy yo, les doy la bienvenida".

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